La Ermita de San Sebastián es un edificio del siglo XV que se enclava en uno de los pueblos de la Sierra Norte de la provincia de Sevilla. Fue una de tantas edificaciones religiosas que fueron saqueadas, y sus tesoros pasto de las llamas, durante la Guerra Civil.

Ermita de San Sebastián, en Cazalla (Sevilla)
Ermita de San Sebastián, en Cazalla (Sevilla)

Una ermita cuyos primeros testimonios escritos de su existencia, datan de 1778. En el libro El Atlante español o descripción general de España, de Bernardo Espinalt, tras enumerar los edificios religiosos del pueblo, habla que en el término de esta villa (en referencia a Cazalla de la Sierra) hay cinco ermitas”, mencionando la primera de ellas, la del Señor San Sebastián.

Ya a mediados del siglo XIX encontramos de nuevo una cita en el Diccionario geográfico – histórico – estadístico de Pascual Madoz, y se suceden las referencias a partir del XX gracias a los nuevos planteamientos historiográficos que reclamaban la necesidad de catalogar la riqueza artística y monumental del país.

El edificio, con rasgos mudéjares que destaca por el artesonado de la cubierta que mantiene todas sus piezas originales de madera, se encuentra en las inmediaciones del pueblo, en unos terrenos conocidos como los Llanos de San Sebastián.

Se sabe que Cazalla era punto de parada de uno de los caminos andaluces que alimentaban la Ruta de la Plata, donde se iniciaba el peregrinaje desde el Sur hasta Santiago de Compostela. En concreto, dicho camino se conocía como el “Camino de la Frontera”. Durante mucho tiempo se puso en duda la inclusión del pueblo como punto de parada en la ruta, pero recientemente se desveló el misterio ya que la veleta de la ermita es una Cruz de Santiago.

El culto a la figura de San Sebastián está muy presente en Cazalla de la Sierra, no en vano, es el patrón del pueblo. Cuenta la historia que San Sebastián, el “Apolo cristiano”,  era un militar al que el emperador Maximiano obligó a elegir entre ser soldado y su fe. Ante la negativa de éste a abandonar su culto a Jesucristo, fue llevado al Estadio y martirizado con una lluvia de flechas, a la postre símbolo del santo.

Martirio de San Sebastián de Marco Palmezzano, Budapest

Sin embargo, cuando sus amigos se acercaron pare recoger el cuerpo del santo, se percataron de que aún seguía con vida y lo llevaron a la casa de una noble cristiana, Irene de Roma, que lo cuidó y curó sus heridas.

Aconsejado por aquellos que lo salvaron a que abandonara Roma, se negó y se presentó de nuevo ante el emperador y su corte, cuyo desconcierto era plausible. Lo mandó ejecutar y sus restos fueron enterrados en la vía Apia, en la célebre catacumba que lleva su nombre.

Maître à la chandelle (San Sebastián curado por Santa Irene)

Siglos más tarde, en Cazalla de la Sierra, la barbarie alcanzó de nuevo a San Sebastián. Esta vez fue la figura del santo del siglo XV, que se encontraba en la ermita de Cazalla, la fue quemada durante la Guerra Civil.

Y es que esa Ermita de San Sebastián, en la que Santo sufrió un segundo martirio, y después de muchos años sin cuidados, la que va a tener una segunda oportunidad y nueva vida con un proyecto innovador y respetuoso con el edificio que lo va a cobijar.

Un edificio que se encuentra sobre el manantial que abastece el pueblo, y es precisamente la presencia del agua la que hace ideal la rehabilitación de tan singular edificación para instalar la fábrica y sede de Cervezas Pergara.

El proyecto de Cervezas Pergara se basa en tres elementos fundamentales: su agua, que mana del enclave único donde nace; su entorno, con una rica tradición en el mundo de las bebidas; y su marcado carácter cazallero, pueblo de la Sierra Morena donde empieza su historia.

Y todos esos elementos confluyen en el mismo sitio, en la Ermita de San Sebastián. 

El proyecto pasa por una rehabilitación del edificio y la implantación en él de un espacio dedicado a la fabricación artesanal de cerveza, y otro punto de visita y restauración. El trabajo corre a cargo del joven estudio de arquitectura sevillano Bakpak, recientemente ganadores de un prestigioso concurso internacional para una reconocida marca hotelera.

Se plantea respetar la esencia del edificio, de 6 metros de altura, y darle un nuevo uso que palié los años en los que era utilizado como almacén municipal. Una de las mayores curiosidades de la ermita no se encuentra dentro de ella, sino fuera, concretamente en su tejado.

Los “tiempos modernos” que estamos viviendo no sólo sirven para disponer de nuevas tecnologías que nos comuniquen, sino también para llevar a cabo proyectos que nos devuelvan la historia como fue una vez y conozcamos, y sepamos, dónde estaban nuestras raíces.

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